El masaje es una técnica de terapia manual utilizada durante miles de años. A lo largo de su particular historia, ha sido valorado y sobrevalorado, y en algunos momentos ha sido despreciado (sobre todo coincidiendo con pandemias infecciosas).
Hoy no te voy a contar la historia del masaje, pero te voy a hablar acerca de sus propiedades prácticas: ¿Es útil? ¿Es una técnica de la que podríamos prescindir? ¿Cómo actúa?
¡Quédate que te lo cuento!
El masaje NO sirve de nada
Teniendo como objetivo principal la recuperación completa de las lesiones o dolencias a medio y largo plazo, el masaje es inútil en un gran número de afectaciones, mirando los datos brutos de la ciencia acerca de su utilidad. Sin embargo, se sigue utilizando a todo momento por casi todos los fisioterapeutas y otros profesionales, y los pacientes salen de consulta “como nuevos”. Aquí va una dosis de realidad:
Un masaje NO te va a recuperar de esa lesión que llevas sufriendo 9 meses y que han mirado diferentes profesionales.
Un masaje NO tiene propiedades mágicas dependiendo del maestro que lo aplique.
El masaje NO es la solución milagrosa que te curará todos los males, no te convertirá en rico de la noche a la mañana ni te ayudará a perder 10Kg en 3 días.
El masaje NO es lo que te venden los quiromasajistas o algunos fisioterapeutas, no es un comodín que se pueda usar para todo. SÍ es una herramienta más, que se ha de saber cómo y sobre todo cuándo utilizar.
Veamos los motivos.
¿Qué hace el masaje exactamente?
El masaje tiene tres áreas de acción. La fisiológica (cómo afecta al funcionamiento de nuestro cuerpo), la mecánica (qué hace esta presión, rozamiento… a nuestro cuerpo) y la psicológica (que no es para nada despreciable). Más adelante estos conocimientos te van a parecer útiles ya que te explicaré cuándo esta herramienta es realmente potente. Vayamos por partes:
- Mecánica: Diferentes técnicas de masaje contemplan la presión, la fricción y otros estímulos mecánicos. Estos estímulos mecánicos seguramente sean los que menos influyen en el efecto del masaje, ya que no modifican la textura muscular ni su condición, como mucho modifican secundariamente la acción de los vasos linfáticos y los capilares arteriales y venosos, pero sobre todo estimulan a nivel fisiológico (mecanotransducción, o la “traducción” de un estímulo mecánico a fisiológico) para que se puedan dar las condiciones que explicaré a continuación.
- Fisiológica: La influencia fisiológica del masaje es existente, pues estimula receptores sensitivos (la ya mencionada mecanotransducción), de presión, de dolor y de temperatura, y los estímulos mecánicos a los capilares producen cambios en la circulación. Esto conlleva a unos cambios en la química de nuestro cuerpo, modificando ligeramente los niveles de hormonas por un corto período de tiempo, que puede oscilar desde las primeras pocas horas siguientes al tratamiento hasta, como mucho, las 72 horas post masaje.
- Psicológica: Sin despreciar a las dos anteriores, la psicológica es la que más afecta a la utilidad del masaje. Esto es no solo el bienestar que produce recibir un masaje, sino también la percepción y expectativas de tratamiento que uno tiene, la afinidad natural del ser humano por el contacto físico (aunque hay personas que por antecedentes personales tienen miedo real a este) y también que es un gesto que denota un mínimo de confianza entre paciente y terapeuta (al final como paciente no dejas que cualquiera te ponga la mano encima).
A modo de pequeño resumen del apartado, el masaje tiene tres acciones: en los capilares mecánica e indirectamente, en la química mediante cambios fisiológicos y en el bienestar y relajación psicológica.
Te puede ayudar en estos casos
Que tenga unas acciones tan específicas como las expuestas ahora no significa que el masaje sea una herramienta totalmente inútil. Estas acciones sobre el organismo se traducen en que, si se entiende cómo aplicarlo, hay tres o cuatro condiciones que se benefician mucho del masaje.
- Puntos gatillo miofasciales: En el blog ya te he hablado de los puntos gatillo. En resumen, son bandas tensas musculares, de origen todavía incierto, que producen dolor local que puede irradiarse a regiones concretas según el músculo afectado. El masaje ayuda a la resolución de puntos gatillo por su acción mecánica y fisiológica (especialmente la mecanotransducción para receptores de presión y dolor).
- Dolor muscular por acumulación de entrenamiento: En corto, la fatiga. También he hablado anteriormente de ella, y aquí el masaje ayuda principalmente por la acción mecánica sobre la circulación sanguínea y por la percepción del paciente de alivio temporal. También la parte fisiológica, sobre las hormonas del bienestar (endorfinas), reduce la percepción de fatiga muscular. Esto muchas veces también se puede resolver sin necesidad de masaje, puesto que el descanso es la mejor herramienta para la fatiga, pero en ocasiones (como deportistas de cierto nivel de exigencia) se trata de no parar esta actividad.
- Conflictos neurales o neuralgias: Esta condición da para hablar mucho, ya que es un tipo de lesión muy compleja. Voy directo a lo que te importa hoy: El masaje puede ayudar en una neuralgia mediante la relajación temporal de musculatura que pueda generar un conflicto con el nervio en su trayecto (por ejemplo, la ciática y el isquiosural o el glúteo) y así aprovechar ese tiempo de mejora a corto plazo para potenciar el tratamiento concreto de movilización u otras tareas enfocada a la mejora de la condición neural. Este tipo de lesiones puede ser resuelta sin necesidad de masaje en muchos casos.
Entonces: ¿Aliado o enemigo?
Tal como ves, el masaje es realmente útil en algunas condiciones, pero no para todo. Realmente es una herramienta, en muchos casos, prescindible.
Como decía al inicio, no es un comodín que pueda ser utilizado en todos los casos obteniendo beneficios infinitos, no es una salvación a una lesión que no se haya sabido resolver.
El masaje es tan sólo una herramienta que, como todas, aplicada en los casos correctos y de la manera adecuada, puede ser de mucha utilidad, es un buen aliado.
Pero esta misma herramienta, aplicada sin criterio, no es más que una pérdida de tiempo (a excepción que la finalidad del tratamiento sea el bienestar), y se puede convertir en el enemigo tanto del terapeuta como del paciente que busca recuperarse de una lesión.
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