El tratamiento de las lesiones inguinales en ocasiones es un ligero dolor de cabeza, y con esto, también se ha de tener en consideración su prevención y diagnóstico, como vimos la semana pasada. Tiene varias posibles causas, a veces es de larga duración y a veces es difícil de diagnosticar con precisión.
Sin embargo, hay ciertos factores de riesgo que se pueden modificar y con ello prevenir y tratar la lesión y la mayoría de sus potenciales orígenes.
Vamos a ello!
Factores de riesgo modificables
Los factores de riesgo son factores que predisponen a tener una lesión, con mayor o menor probabilidad. En el dolor inguinal, los más influyentes son las lesiones previas en la zona y la fuerza de aducción. A menores niveles de fuerza, mayor probabilidad de lesión inguinal, pero ya no solo el nivel total de fuerza, sino la asimetría entre piernas.
El rango de movimiento de la articulación también puede facilitar el hecho de padecer dolor inguinal, pero la evidencia es todavía controvertida al respecto.
Hay que tener en cuenta que estos factores de riesgo están asociados a dolor inguinal relacionado con aductores, canal inguinal y estructuras articulares, pero no tienen mucho que ver con dolores inguinales relacionados con vísceras (testículos, ovarios, vejiga…), lesiones óseas severas o hernias inguinales, femorales, etc.

Tratamiento de primera elección
El tratamiento de primera línea en pacientes con dolor inguinal de origen musculoesquelético (es decir, musculatura y articulaciones) es el tratamiento conservador. La opción quirúrgica siempre hay que dejarla para última opción, pues es irreversible y los porcentajes de éxito del tratamiento sin cirugía son buenos.
Otro tipo de causas de dolor inguinal son diferentes, pues por ejemplo las hernias inguinales u otros trastornos viscerales potencialmente requieran una cirugía para su recuperación completa.
Tratamiento conservador en las lesiones inguinales
El tratamiento conservador (y extensible a la prevención) a aplicar en lesiones inguinales de origen muscular o articular se compone de entrenamiento de fuerza y estabilidad lumbopélvica. Dicho así parece fácil, pero lo voy a desmigar un poco porque no es tan sencillo.
Teniendo en cuenta que uno de los mayores factores predisponentes al dolor inguinal es la fuerza aductora, es también uno de los factores más importantes a tener en cuenta. Pero no se trata de entrenarlos muchísimo sin un sentido, porque puede que la asimetría aparezca y no mejore el asunto, sino que lo empeore. Primero hay que valorar los niveles de fuerza iniciales de cada pierna, y a partir de ahí entrenarlo acorde a los niveles encontrados.
No sólo es importante la fuerza aductora, sino la fuerza de flexión, extensión y abducción de cadera también juega un rol fundamental en la prevención y el tratamiento de este tipo de lesiones.
El CORE como auxiliar
Además, la pelvis trabaja en conjunto con la musculatura del core, así que esta también es una región importante a tener en cuenta en las preparaciones de prevención y tratamiento.
Lo que he mencionado anteriormente respecto a las asimetrías, aplica en todos los grupos musculares citados. Es importante tanto el nivel de fuerza máxima, como la capacidad de aplicar fuerza, como la simetría de estos parámetros entre una pierna y la otra.
Es fundamental valorar y comparar en el punto inicial del tratamiento o la prevención e ir reevaluando con cierta frecuencia para monitorizar el progreso.
Cada caso puede tener sus matices, pero aquí tienes una pequeña guía práctica que te puede orientar en tu recuperación de la lesión o en prevenirla (que es lo mejor que puedes hacer!).
Como siempre, déjame saber tu opinión en los comentarios y comparte con tus conocidos o amigos que tengan lesiones inguinales o dolor en la zona. Recuerda que tienes consejos prácticos en mi Instagram, y mis opiniones acerca de lesiones en X, así que tal vez te interese seguirme en mis redes.
¡Nos vemos la semana que viene!