Las contracturas NO existen y te explico por qué
“Tengo contracturas en la espalda”, “me duele el cuello y tengo un bulto, debe ser una contractura” y decenas de frases más que habrás oído (y tal vez dicho) miles de veces.
Hoy te va a petar la cabeza, porque te voy a explicar por qué las contracturas NO existen, al menos como tú piensas que son.
Vayamos al grano.
Un error de percepción
Muchas veces se vincula una “contractura” a una zona con un abultamiento blando, aparentemente muscular, como una “bola”, que además coincide con la zona dolorosa. Además habrás escuchado con frecuencia que las “contracturas” también son apodadas como “nudos” o que el músculo supuestamente se monta (ni que fuera un jinete).
Pues bien, en la mayoría de ocasiones, esos bultos aparentemente musculares son debidos a relieves de los huesos que hay debajo de esos músculos, o a superposiciones de un músculo respecto a otro, no son contracturas.
Por poner un ejemplo (ilustrado en las imágenes), desde detrás del cuello hasta el hombro tenemos el trapecio superior y hay una zona más cercana a la columna donde siempre hay un bulto, porque ahí aparece el elevador escapular en otra dirección y hace que allí haya un relieve.


Que en ese bulto tengas dolor, no significa que sea el motivo. Puede haber correlación (que se den las dos condiciones) pero no tiene por qué haber causalidad (que una cosa sea causante de la otra).
Un error de concepto
He de confesar que detesto la palabra contractura, pero por el contexto utilizado.
Las contracturas se perciben como que el músculo está duro, contraído.
Y te he de decir que las contracturas existen, sí, y es verdad que una contractura real es que el músculo está contraído, pero de manera permanente y prácticamente irremediable.
Es una consecuencia de la espasticidad (por ejemplo, en casos de ictus que dejan secuelas físicas) o en enfermedades como el Dupuytren.

Esto no significa que la contractura de Dupuytren o la espasticidad de un ictus sea intratable, pero presenta otras características para su tratamiento.
Así que no, no tienes contracturas.
¿Y qué es lo que tú tienes?
Lo que sí puede que tengas en ocasiones son los PUNTOS GATILLO MIOFASCIALES.
Los puntos gatillo son lesiones focales, presentadas mediante la musculatura, y se sienten como bandas tensas, reactivas y dolorosas al tacto y que pueden producir espasmos locales y dolor irradiado.
Si, puedes notar una banda tensa, que a diferencia de los bultos que he mencionado antes, tienen un tamaño menor y son menos notorias, ya que no son causadas por una estructura pasando por encima de otra.
Las causas de los puntos gatillo todavía no se conocen con certeza. Hay teorías vinculadas a la contracción muscular intensa y puntual (por ejemplo en deportistas o en trabajadores con exigencia física), hay teorías vinculadas a las terminaciones nerviosas… Sea como sea, el músculo no se mantiene contraído.
Los puntos gatillo se engloban dentro del dolor miofascial, que es un conjunto de afecciones musculares y fasciales. Este puede estar facilitado por el estrés, la falta de descanso, el exceso prolongado de actividad física, la alimentación y la hidratación, entre otros factores.
¿Te pasa con frecuencia?
Si frecuentemente tienes puntos gatillo, es importante que tengas en cuenta el párrafo final del apartado anterior. La causa específica no está clara, pero el estrés, el descanso, la alimentación… influyen en la aparición de los mismos, así que muchas veces hay que controlar factores más allá de la propia musculatura.
Si eres deportista, también pueden aparecer porque le exiges demasiado a un conjunto muscular. Es decir, tu musculatura tiene una capacidad limitada para trabajar, y le puedes exigir más de manera puntual y controlada para que mejore, pero si te pasas, puede que sufras de dolor miofascial y/o puntos gatillo con cierta frecuencia.
Entonces, el problema en muchos casos no es el propio punto gatillo, sino los factores que llevan a ellos.
El tratamiento
Los puntos gatillo son de los pocos casos donde la terapia manual es realmente eficaz, y en ocasiones casi definitiva (al menos para el caso del momento). Sin embargo, si te pasan con frecuencia, ya has visto: el músculo no es el problema, sino que hay más factores y el tratamiento pasa a ser un tratamiento global donde la terapia manual pierde protagonismo.
En terapia manual, principalmente se usan dos técnicas, la punción seca y la presión digital local:
Punción seca, pros y contras
La punción seca es una técnica invasiva en que se usan agujas muy finas que se clavan para llegar al núcleo del punto gatillo.
Tiene múltiples ventajas, para paciente y para terapeuta. Por un lado, en muchas ocasiones el dolor durante el tratamiento es menor en el global, pero el pico de dolor máximo sí puede ser mayor. También es de duración más corta, y para el fisioterapeuta es menos fatigante.
Tiene un par de efectos secundarios:
El primero es que si se hace “al aire” (es decir, sin una ecografía controlando el trayecto de la aguja), puede causar microlesiones a nivel neural que no interesan (puede pinchar un nervio y hacerle una pequeñísima herida, que no suele ser preocupante pero puede ser molesto y causar una reacción de espasmo excesiva).
El segundo es que en ocasiones puede causar una sensación de que el músculo está “atontado”. De ello deriva que, aunque por el momento no hay estudios que demuestren que sea peligroso, hacer actividad física intensa tras un tratamiento de punción seca puede producir sensaciones de falta de rendimiento.
Las contraindicaciones son muy sencillas, y has de informar si te encuentras en una de estas situaciones. Si tienes miedo a las agujas, no es un tratamiento para ti, así como no se ha de practicar en zonas con heridas o cicatrices recientes, si tienes alergia a los metales o cerca de la región pélvica, lumbar y abdominal en mujeres embarazadas. Tampoco se indica en procesos infecciosos, personas con medicación anticoagulante o si tienes tendencia a mareos.
Presión digital, pros y contras:
La presión digital es una técnica no invasiva, y se utilizan las manos principalmente (aunque también hay otros utensilios para reducir la fatiga de las manos del fisio). Se trata de hacer una presión local sostenida en la zona más activa del punto gatillo hasta que el dolor se reduce, y se recomienda hacer entre 2 y 4 aumentos de la presión aunque puede modificarse en función de las necesidades.
Las principales ventajas es que no tiene apenas contraindicaciones, y evita las flaquezas de la punción seca. No hay efectos colaterales en los nervios, no causa la sensación de que el músculo está “atontado”.
Los efectos secundarios y contraindicaciones son menores:
Puede que cause un pequeño hematoma, porque se está presionando un punto de manera sostenida, durante unos cuantos segundos. También, aunque el pico de dolor sea menor, puede ser más doloroso durante el tiempo de tratamiento porque es un estímulo más amplio y estimula más receptores de dolor.
Las contraindicaciones son las heridas, las que aplican a mujeres embarazadas, y las infecciones o enfermedades de la piel.
La prevención
Antes he hecho un pequeño spoiler. La mejor prevención es tener buenos hábitos de descanso, de actividad física, de gestión del estrés y de alimentación. Si eres deportista, también es importante que los entrenamientos sigan una sobrecarga progresiva para generar adaptaciones, y no hacer cambios bruscos o sin sentido en la programación.
Conclusión
En resumen y a modo de conclusión:
- Las contracturas no existen tal como las imaginas. Son enfermedades o consecuencias a enfermedades neurológicas o enfermedades neuromusculares mayores.
- Lo que tú llamas contractura, en realidad es un punto gatillo.
- La causa de los puntos gatillo todavía está en debate, pero tu estilo de vida es clave para evitarlos.
- Si te pasa con frecuencia, recuerda el punto anterior: los hábitos.
- La terapia manual es un buen tratamiento si te pasa de manera aislada.
Espero haber arrojado algo de luz a este asunto.
Es más un conflicto de palabras que un conflicto con la lesión en sí, pero cambia mucho el juego cuando entiendes que el tratamiento también depende de ti, y que el músculo a veces no es el culpable y es una víctima de que hay variables que están descontroladas en nuestro estilo de vida o en nuestro cuerpo.
Recuerda que tienes más consejos en mi Instagram, en mi Twitter y en mi página de Facebook. También tienes versiones en audio de los blogs en mi canal de YouTube, y pronto habrá podcast colaborativos con colegas del sector. Si quieres saber más acerca de otras lesiones de la musculatura, te dejo la primera entrada de mi guía sobre lesiones musculares
¡Espero que te haya gustado y que te haya ayudado el artículo de hoy! Comparte con tus amigos o con personas que puedan estar sufriendo de puntos gatillo. Déjame un comentario con tu opinión o tus experiencias, que estaré encantado de responderte.
¡Nos vemos la semana que viene!